Son las nueve de la mañana y Delbert Mounts se encuentra en el comedor de un piso de Gracia, acompañado por seis personas más y tomando un Margot con cola descarbonatada y escarcha de congelador sustituyendo los cubitos de hielo. Tiene la cara hinchada por la falta de horas de sueño y de vez en cuando pierde la consciencia por un segundo o dos. Son momentos como estos los que le recuerdan su juventud como camillero en el hospital Mercy de Cleveland, cuando acababa de terminar la carrera y se veía obligado a hacer prácticas en el turno de noche junto con dos cuarentones, separados y obesos, llamados Ivan y Match. Recuerda acabar la jornada exhausto, con la cara hinchada y un dolor agudo en los dientes, en los vestuarios, oyendo de fondo el repiqueteo del agua en las duchas, con la luz fría de la mañana entrando por las rendijas de las persianas. Se solía cambiar solo, cuando los otros estaban en la ducha, porque sospechaba que tanto Ivan como Match sentían atracción por él, y Delbert solía imaginarse a sus dos exmujeres preguntándose en sus salones qué rediantres hicieron para perder a sus maridos fofos y poco agraciados. Ahora, como entonces, la luz azul del cielo encendiéndose también se filtra a través de las persianas, y el típico olor a yodo es substituido por el aroma de la marihuana, del hachís, del sudor y del licor. Delbert mira a su alrededor y se da cuenta que hace unas horas ni siquiera conocía a la gente con la que ahora se encuentra, pensamiento que le devuelve a sus recuerdos juveniles en Cleveland, pues fue en el hospital Mercy donde aprendió algo que él considera significativo y de una importancia moderada: por las noches, el mundo es otro mundo, un lugar del revés en el cual se suceden las más remotas posibilidades. Recuerda que el turno de noche siempre le hacía sentir extraño, una extrañeza sutil, casi agradable, pero aún así extrañeza. No sentía lo mismo que en el turno de día, que solía ser tedioso y sin sobresaltos, sino todo lo contrario porque por las noches se sucedían estas escenas raras, de gentes de diferentes procedencias con problemas clínicamente divertidos y humanamente patéticos. Muchos de aquellos casos tenían que ver directamente con el sexo, otros con la drogas, otros con ninguno de los dos. Pero en la sala de enfermeras se acumulaban en una pared clavadas con chinchetas cientos de radiografías que atestiguaban todos y cada uno de aquellos momentos angustiosos y de bochorno. Como la de una mujer de 42 años a quien tuvieron que operar para retirarle una palanca de cambio de marchas de coche de la vagina, o aquel hombre que pasó en la sala de espera más de tres hora con dolores en el vientre para acabar admitiendo que tenía una botella de vidrio de Coca-Cola alojada en el interior de su ano. Había casos para dar y vender, y todos eran registrados en la nocturnidad del hospital. Mujeres y hombres y adolescentes y niños amontonados en salas de espera, aguardando para auto-parodiarse frente a un doctor titulado. Horas de visita dedicadas a un atajo de freaks, a los noctámbulos, a los adictos a algo; a la fiesta, a la droga, al sexo, a la tele tienda de la mañana, al café, a las adicciones, a los paliativos para adicciones. Delbert recuerda las caras de sus casos raros, y las tiene presentes a menudo, en su vida diaria, porque el mundo está loco y entonces se siente como cuando era joven en Cleveland, se siente sutilmente extraño. Como ahora. Ha pasado la noche de bar en bar, de pub en pub, de disco en disco, sin gastarse nada, riéndose a carcajadas con un japonés, dos ejecutivos y cuatro cheerleaders de rugby que ha ido reclutando a lo largo de la velada, sin prejuicios ni condiciones. Siente que los amigos/desconocidos con los que está son ya radiografías de su vida, formando parte de una historia que nada tiene que ver con él ni con Cleveland ni con nada, sino con una historia aún mayor sobre un hospital por el que todos nos paseamos en un constante flujo. Porque todos necesitamos asistencia, todos requerimos seguridad. Le gusta pensar en la vida como en un complejo hospitalario de enormes dimensiones, con sus múltiples divisiones categorizadas rellenas de personas interactuando incesantemente, y que las noches que acaban como esta, con la luz entrando a través de las rendijas de las persianas y la cara hinchada por el cansancio, son nuestros casos raros, los que hacen que valga la pena trabajar en el turno de noche.
Mostrando entradas con la etiqueta Writing Efforts.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Writing Efforts.. Mostrar todas las entradas
lunes, 2 de junio de 2008
domingo, 27 de abril de 2008
Friends (in 15')
Gustavo Palacios, Gusta o Gustavito, entra en el Bar Manolo de Albacete aproximadamente sobre las 15.45h de la tarde, con cara cansada y vistiendo unos pantalones de chandal de nylon bajo una enorme gavardina gris mareco. Pasa frente a la barra saludando a Patricia, la camarera, y a esos dos tíos que pasan las tardes jugando a las máquinas tragaperras, Julián y Bertín. Toma asiento en el taburete de la esquina de la barra, donde el tirador de caña le tapa parcialmente. Mira el reloj y resopla, acto seguido se quita la gavardina y rebusca en los bolsillos para acabar poniéndose una gorra de los New York Yankees arrugada sobre la incipiente calva. Patricia se le acerca y le pregunta si le puede poner algo, a lo que Gustavo Palacios contesta un seco lo de siempre. Gustavo está bastante nervioso porque su madre acaba de morir aplastada por una grúa de construcción mientras se dirigía como una típica ancianita al mercado. Y ahora son las 15. 53h y Pedro González, Pedrito o Pedrín, aún no ha llegado. Gustavo ya está pensando en lo que le dirá, está formando en su garganta la pelota que le echará en cara. Le dirá, Joder Pedrín, mi madre acaba de morir, yo esoty hecho polvo, y tu llegas requete tarde, te odio. Espera que al oír eso Pedrín le ponga una mano en el hombro y se eche a llorar desconsoladamente por ser tan cabrón. O tal vez le diga, Hostia puta Pedrito, me cago en tos' tus muertos, joder, me he quedado solo para siempre, y entonces se pone a llorar por la pérdida de su madre. La cuestión es parecer la víctima, si pareces la víctima es bastante lógico que nadie te inculpe por asesinato, por ejemplo. Conociendo a Pedro como lo conoce Gustavo es de suponer que Pedro llega tarde porque su más que holgada vida social rural le ha tenido toda la mañana y parte del mediodía atado al clítoris de una rubia, posiblemente de Europa del este. Hace años que Pedro dejó su trabajo en una fábrica de la periferia y desde entoces se dedica a pasar la mayor parte del tiempo en su pueblo natal, una barriada a medio camino entre Albacete y Madrid. No se dedica a nada, pasea, toma vinos en la plaza y frecuenta el único prostíbulo del pueblo, donde ya le conocen y hasta le fian. Pese a la evidente distancia Gustavo y Pedro se encuentran dos veces por semana en el Bar Manolo de Albacete, donde charlan un rato delante de una pinta y si se animan juegan a póker en una de las mesas de formica pegajosa y amarillenta por el humo del tabaco de Julián y Bertín. Cada una de esas tardes ha corrido a cuenta de Gustavo. Cada pinta, cada mediana, cada quinto, cada clara, los martinis y los whiskys en ocasiones especiales han sido pagados por Gustavo. Por eso, lo único que espera es que hoy, a las 16.00h de la tarde, aparezca Pedro por la puerta y le invite a una cerveza bien fría para apagar el escozor que siente en el estómago. Son exactamente las 15.59h. Este último minuto de espera se hace eterno. No por el hecho de ser el último minuto de espera sinó por la sensación de que cuando pasen los sesenta segundos nada habrá cambiado, empezando de nuevo un último minuto de espera que durará lo que tenga que durar, una eternidad relativa. Son las cuatro de la tarde y Pedro aparece por la puerta. Se dirige directamente a Gustavo con lágrimas en los ojos y le da un fuerte abrazo, se vuelve y pide a Patricia dos cervezas bien frías, y dice que hoy paga él. Vuelve a abrazar a Gustavo, esta vez más fuerte que antes. Gustavo no cabe en su asombro, y da gracias al Señor por haber llegado a conocer a alguien tan maravilloso como Pedro. Gustavo empieza a tener lágrimas galopando por los surcos de su fea cara. Patricia sirve las cañas y Pedro le da una a Gustavo, que sienta el frío húmedo del cristal en su mano derecha. Pedro se le acerca a la oreja y dice, Gusta, hoy es el dia más feliz de mi vida, voy a ser padre. Gustavo desenfoca la vista y bebe un trago, pero parece que hoy la cerveza no sabe igual.
domingo, 6 de abril de 2008
Ceretanian: step I.
Buscar con la mirada. Codiciar lo ajeno por encima del hombro. Comparar. Regodearse en lo feo. Abstraerse en lo hermoso. Contemplar embelesado. Entornar la vista. Usamos millones de veces al día nuestros ojos, los usamos para comunicarnos y relacionarnos con el mundo, se erigen como base fundamental de nuestra percepción y por lo tanto de nuestra realidad. Vemos aquello que queremos ver. Por eso me dedico a lo que me dedico, y por eso soy tan bueno en mi trabajo. Todo el mundo quiere ver sexo. Sexo aquí, sexo allí. Los desodorantes no se venden en relación a su eficacia sino en relación a los cm. de carne mostrados por su anuncio. Compraremos el detergente que anuncia la rubia de larga melena, el coche del guaperas trajeado y los ultra congelados de la familia de raza aria que almuerza junto a la playa. Buscamos el prototipo de cuerpo perfecto. Y yo busco entender el funcionamiento de éste cuando está en acción. Cuando la tensión sexual se hidrata en las partes bajas de una más que experimentada profesional de la industria. Yo voy más allá de la convención, del tabú, y me posiciono frente al sagrado agujero de una mujer, convirtiéndola en epicentro del espectáculo. La perfomance del coito. Hay polvos y polvos, a veces unos te hacen sentir los pelos de punta y otras los bostezos se escapan de tu boca, pero incluso los malos polvos enseñan cosas. Se puede aprender de todo mientras se practica el sexo. Se pueden deducir las inclinaciones de un amante, sus taras, sus miedos, sus rarezas, todos los pequeños detalles que nadie se atreve a pronunciar. Por eso, cuanto más interesante sea el amante, mejor será el sexo, más entretenido. A lo largo de mi carrera he conocido a millones de chicas y chicos interesantes, pero solo los interesantes de verdad, aquellos que te sorprenden hasta cuando se mueren de sobredosis, han logrado triunfar en el mundo del porno. No todos están muertos, pero lo que si que es seguro es que todos envejecen. Solo la vieja Selma sigue dando guerra a pesar de los cincuenta años que carga en sus siliconas. Selma es graciosa. Estaba aquí mucho antes de que yo llegara. Y un día será demasiado vieja y no podrá hacer no siquiera videos de perversiones entre abuela y nieto, porque tendrá la cara arrugada y la vagina seca, y le dolerá la espalda y no tendrá tono muscular alguno, lo cual le impedirá hacer posturas arriesgadas y nadie la querrá contratar. Morirá sola en una habitación de motel que yo seguiré pagando cuando se marche de la productora. El tiempo pasa implacable.
domingo, 27 de enero de 2008
La honte.
"Les aspects positifs de la honte sont de l'ordre de l'éducation, de l'apprentissage de la vie sociale, de l'humanisme. La honte régule les relations sociales. Elle protège chacun en signalant les bonnes limites à ne pas dépasser.
La honte a des aspects négatifs quand elle est excessive chez un individu. Elle est alors source de souffrance individuelle....
Les excès de honte proviennent des humiliations, du mépris, des moqueries, de l'illégitimité, des secrets, de la régression sociale, de la rivalité, du mensonge,... ou des messages d'orgueil, d'ambition, de désir...que l'individu reçoit des autres."
Les excès de honte proviennent des humiliations, du mépris, des moqueries, de l'illégitimité, des secrets, de la régression sociale, de la rivalité, du mensonge,... ou des messages d'orgueil, d'ambition, de désir...que l'individu reçoit des autres."
Sales de tu casa cargado con la viejas maletas que usabas para ir a los conciertos de verano. Has decidido marcharte, lo has decidio mientras desayunabas y ahora, a pleno sol del medio día, marchas con poca convicción, arrastrando pesadamente esos dos pies que parecen bolas de plomo. Huyes, estás huyendo de las palpitaciones, de los cambios de tempertaura corporal, de los sudores fríos y los tics. Caminas silenciosamente, intentando no destacar, aún así, la gente que camina en dirección opuesta te mira con ojos inquisidores, una mirada agresiva, indescifrable augurio de juicio ajeno. Te sientes cansado y desea que la presión en el estomago desaparezca o al menos que descrezca considerablemente. No puedes levantar la cabeza, porque sabes lo que has hecho, los sabes tan bien como el resto de personas que caminan contigo pero en dirección opuesta. Sabes que no hay vuelta atrás, sabes que te habías metido en un callejón sin salida y ahora te toca cavar una galería de escape. No sabes dónde te llevará, pero saber no es lo más importante. Intuyes que será lo mejor, cualquier lugar será mejor que éste. Te sientes como cuando a los catorze años comparabas tu pene con el de tus compañeros de equipo de baloncesto, y notabas que la envidia se colocaba detrás de tus orejas, como dos focos de calor inexorable y creciente. Ahora también comparas, pero lo haces partiendo de otros pretextos, y te dices que envidias la rectitud, la decencia y moralidad de los demás. Pero te engañas, no les envidias, al menos no tanto como antes. No puedes dejar de repetir el momento en tu cabeza. La niña con el cerebro desparramado. La niña con el cerebro desparramado. La niña con el cerebro desparramado, una y otra vez, en todo momento y lugar, sin cese. Piensas que la podrías haber salvado, podrías haber frenado o tal vez no haber cogido el coche. Te preguntas qué más podrías haber hecho. Hace meses que te lo preguntas constantemente, desde el día en que la niña murió golpeada por tu parachoques. Creías haberla sentido, pero ahora sabes qué es realmente la verguenza, sabes lo que es arrepentirte de existir. Conoces los motivos de tu depresión y tu incapacidad para volver a confiar en ti mismo. Por eso te marchas, con las maletas llenas de verguenza, a cualquier otra parte. Solo quieres desaparecer. Desapareces. Ya no estás.
viernes, 21 de diciembre de 2007
Els Nostres Petits Racons.
Desolació és una paraula que sempre he trobat gustosa i rica en contingut. Em sembla gustosa perquè cada cop que la dic la boca se m'omple de saliva i sento aquell regust a paraula potent, com quan dius pertorbat, autòcton o polifacètic. Pel que fa al contingut, jo només tenia una noció aproximada del seu significat perquè ja se sap, més del noranta per cent del nostre vocabulari l'hem après a base de utilitzar-lo imitant als altres i això comporta que no el poguem definir amb exactitud. De manera que he decidit buscar al diccionari de l' Enciclopèdia Catalana i desolar significa el següent: 1. Arruïnar (un país) destruint tot el que hi ha. 2. Colpir (algú) una desgràcia, una pèrdua, etc, deixant-lo com si li faltés tot. Exacte. Això és desolació, això és el que he sentit avui. Ha estat el pitjor sentiment del mon, i no m'agradaria haver-lo de sentir mai més. La desolació se sol sentir aprop les orelles i sota l'estómac, comparteix similituds amb els sentiments de traició i vergonya i pot esdevindre càncer emocional amb el pas del temps. La meva desolació és de les de pitjor evolució. Es veu que ve causada per l'avaracia, un mal força comú avui en dia i de dificultosa cura, fet que demostra que el meu patiment s'allargarà quasi eternament, punxant-me fins i tot un cop morta. El que realment em molesta de tot l'assumpte és el poc profit que en trec jo d'una malaltia terminal com la que em consumeix perquè no es tracta de la meva avarícia, sinó la d'un munt d'homes grossos y greixosos que es freguen les mans cada cop que veuen els suficients euros com per poder comprar-se un cotxe, el qual possiblement veuen com el remei perfecte per a la seva crisi dels 50. La seva malaltia és ara la meva malaltia. Quan ja no quedin més racons per emmalaltir, quan la terra ja no sigui més que carboni precipitat, quan ja no quedin vides alternatives, quan l'esperança que ens evolta ara hagi desaparegut, aleshores, i només aleshores, serem testimonis del que l'univers tenia preparat per nosaltres. Fins que arribi aquest jo continuaré esperant, al meu petit racó de la galaxia, i gaudiré amb les llums estelars i sentiré el vent sideral gronxant-me lleugerament, com sospirs. Passaré anys observant, fent crits d'auxili i veient com la terra desapareix i els vostres petits racons son absorbits per la vostra malaltia, la que causa la meva. M'agradaria poder dir-vos que gaudiu del moment, però es impossible gaudir d'una realitat on només hi ha un fals horitzó, essent aquest un brutal i fosc skyline de la vostra civilització. Mai m'heu escoltat, mai heu estat capaços de sentir més enllà de les veus dels vostres auriculars. Jo soc qui tot us ho dona, i vosaltres sou qui tot m'ho pren. Jo us dono aliment i vosaltres me'n deixeu sense: tinc gana. Jo us dono aigua i vosaltres us la beveu tota i no en queda per mí: tinc set. Jo us dono quelcom per protegir-vos i vosaltres m'ho treieu absolutament tot: estic despullada. I sembla que em mireu somrients desde la vostra falsa situació de poder. Jo bruta, assedegada, famèlica, i nua. Vosaltres immaculats, babosos, panxa-contents i elegants. Què potser no em compadiu? Què potser mereixo les faltes i els cops? Qui sou vosaltres, fills bastards, qui sou vosaltres que em maltracteu? Jo sóc la Mare Natura, jo ho soc tot, jo soc les paraules, les lletres, el llapis i el paper. Soc la taula, i la llum i l'aire que respireu. M'ho heu pres tot. Em queden uns petits racons, i la meva malaltia els podreix lentament. Us mengeu els meus boscos, i els meus prats, i les meves muntanyes. Però no ploro, perquè en un futur el meu acudit serà molt millor que el vostre. No us n'adoneu, però...Què us queda a vosaltres? Desolació a dojo.-
La sobreexplotació del terreny, la deforestació, les emissions de gasos contaminants, la supermetròpolis, els camps de golf... no son només cosa nostra. No som els únics que patim les conseqüències dels nostres actes.
En el meu municipi, la projecció urbanística exagerada i sense aturador fa desapareixer paisatges, espècies autòctones i el sentiment de ser a casa.
-
d.
viernes, 7 de diciembre de 2007
Decisions.
M'agrada poder dir que he evolucionat. L'infantesa comporta el fet de no haver d'entendre les actuacions dels nostres companys, però també el fet de no haver de compendre aquelles accions propies que ens porten inevitablement al patiment i a la decepció. Avui puc dir que ja he superat la meva infantesa, he fet un pas endavant i possiblement avui començi la meva adolescència o la meva edat del gall dindi. Avui puc respirar amb l'alleugeriment que em provoca poder veure les coses desde un punt de vista una mica més objectiu.
Per fi entenc que significa actuar i ésser conseqüent amb les decisions que he pres. Respecto fins l'última de les decisions de les persones del meu entorn (bé, aquest punt mai deixarà d'ésser relatiu i conflictiu). Sóc conscient del valor de les paraules que introdueixen les accions, tant les erronies com les correctes, les lícites com les il·lògiques, les sinceres com les analitzades. Ara ja no sóc víctima de l'egocentrisme i l'orgull en aquest àmbit. Però encara sóc incomplet, com ja he dit, tot just ara, als meus divuit anys, entro en l'adolescència i això significa equivocar-se, rectificar i tornar a equivocar-se. Significa aprendre, escoltar, observar, pensar, decidir foteses.
Per fi entenc que significa actuar i ésser conseqüent amb les decisions que he pres. Respecto fins l'última de les decisions de les persones del meu entorn (bé, aquest punt mai deixarà d'ésser relatiu i conflictiu). Sóc conscient del valor de les paraules que introdueixen les accions, tant les erronies com les correctes, les lícites com les il·lògiques, les sinceres com les analitzades. Ara ja no sóc víctima de l'egocentrisme i l'orgull en aquest àmbit. Però encara sóc incomplet, com ja he dit, tot just ara, als meus divuit anys, entro en l'adolescència i això significa equivocar-se, rectificar i tornar a equivocar-se. Significa aprendre, escoltar, observar, pensar, decidir foteses.
sábado, 20 de octubre de 2007
The United Teendom of Ceretania.
Ni siquiera se preguntaban qué hacían en aquel lugar, oscuro y húmedo, alejados de cualquier forma de civilización conocida, a millas de distáncia de lo que hasta aquel mismo momento habían considerado su hogar. Ahora pertenecian a otro estado de conciencia y de verdad, pudiendo juzgar así los actos de todos los demás, marcando pautas a seguir en todo momento porque ellos ya no eran los comodines de turno. Sin lugar a dudas, todos ellos, jóvenes, individuos a medio camino entre la niñez y la madurez, llevaban en sus espaldas la pesada carga de la herencia de toda una generación. Por eso se encontraban en medio de un bosque, junto a un búnker de la Guerra Civil que había servido tanto de refugio para mujeres y niños como para atrincherar a las decenas de soldados que resistieron justo antes de la derrota. De aquel modo hermanaban el pasado histórico con su futuro inmediato, tratando de entender el funcionamiento de la realidad, usando como referencia la misma esencia humana conocida: el sufrimiento emocional, físico y espiritual constante. Por aquel entonces ellos ya sufrían, y ya llevaban muchos años haciendolo, por eso habían decidido paliar el dolor con emociones distintas a las siempre sentidas por cada uno de ellos, los minúsculos hijos del mundo, los indudables muchachos de Ceretania. Habían crecido frente a pantallas de televisión, padeciendo el continuo ataque publicitario. Habían tenido que pasar de Beta a VHS y de éste al DVD y más tarde al Blu-Ray o el HD-DVD, pero también vieron la muerte del Vinilo, la aparción del cassette y su posterior subtitución por el CD. Pero ahora usaban MP3 y descargaban el material de internet. Si querían no tenían porqué salir de sus casas para comprar ropa, comida o distracciones. Habían aprendido a vivir en espacios reducidos, inspirados en los armarios dormitorio de los chinos o los japoneses cuyas representaciones más importantes aparecían en series anime de dichos países. Gracias a la explosión del consumismo habían crecido adorando el capitalismo y aprehendiendo como positivos los valores que los demás, los adultos, desechaban, convirtiéndose en recicladores de ideas y movimientos.
Se habían reunido para hacer lo contrario a todo lo que les habían inculcado. Habían rellenado el búnker con mantas y colchones envueltos en telas y plásticos. Se habían colocado velas por doquier consigiendo una más que aceptable cantidad de luz. Habían llevado una nevera de viaje y la habían llenado con cava, limoncello y tequila. Tampoco habían olvidado instalar un pobre equipo de música que emitía un pitido constante impidiendo disfrutar de todas las canciones . Habían pasado muchas días preparando la reunión, y ya la tenían lista. No habría más demoras ni más arrepentimientos porque se habían reunido para amarse, para pasar toda la noche amándose.
Chicos y chicas, chicos y chicos, chicas y chicas. Sin reglas, sin sarcasmos oscuros a su alrededor, sin la necesidad de justificar hasta el hecho de respirar. Aquella noche fue íntegramente suya. Ellos habían creado un reino de adolescentes y reinaron sólo una noche, pero reinaron juntos, ombro con ombro, sudor con sudor. Disfrutaron de sus riquezas toda la noche pero cuando los rayos del sol empezaron a juguetear con el oscuro cielo de Ceretania, el sexo se acabó. Dejaron lo que estaban haciendo y se dedicaron a observar el regalo de un amanecer temperado y una buena compañía. Hablaron de sus vidas y de sus nuevos proyectos y todos observaron que algo había cambiado. Las cosas parecían tener una perspectiva más, era como si un nuevo mundo de formas y colores apareciera frente a sus rostros por primera vez en toda su corta vida. La brisa matutina les aportó paz y desasosiego, y se durmieron los unos junto a los otros.
Después de aquello no volvieron a coincidir, nunca más. Cada uno tomó las decisiones que tenía pendientes y se dedicó a hacer su vida, a fabricar un nuevo reino, uno sin compartir, su reino.
viernes, 12 de octubre de 2007
La droga del Amor.
Sophie quiere popper. Ha pasado el último mes de su vida clamando a los cuatro vientos que quiere probar el popper, y , a causa de ello, ahora quiere probarlo. No se puede evitar, mas nadie lo quiere evitar. Una fauna acelerada de sibaritas nocturnos se arremolina alrededor de la aturdida muchacha, la joven extasiada que les sirve a ellos de entretenimiento pasajero y fugaz. Carcajadas por doquier, silencios rotos por estruendosos chillidos, como de cría de rata o buitre. Sophie recibe la droga de la mano de Banana Scream, el puto DJ de mierda que ha tocado esta noche, en el club, a quilómetros de distancia de donde nos encontramos ahora mismo. No puedo creer que esté aquí, en un almacén de productos para la limpieza del automóvil, en mitad de un vacío relativo, un desierto de tiempo. No es de día ni de noche, y Sophie se ríe a carcajadas como el resto de la gente y sólo yo sé que se ríe porque va a poder drogarse. Me gustaría poder ahorrarle el mal trago y sacarla de aquí a rastras, sujetándola virilmente por la cabellera demostrándole que estoy aquí para lo que haga falta. Ahora recuerdo que esta tarde, la tarde pasada, había dejado el billetero en la lavadora, si lo hubiese recordado antes no estaríamos ahora aquí. El local es demasiado pequeño para esta gente y sus carcajadas de hiena, como las de las hienas de aquella película Disney en que un niño león perdía a su padre león que resultaba ser un rey, creo que se llamaba el Libro de la Selva, pero da igual. No cabemos todos aquí, además, creo que el ego de Sophie corretea por aquí sin parar y me ha pisado el pie un par de veces, un delante de Brad el rubiales y otra junto Amber y la bollera de la Côte d’Azur que se ha pasado la noche mirando mi entrepierna entre fascinada y asqueada. De pronto, y arrancándome de mis cavilaciones de genio chiflado, Sophie me coge un brazo y me arrastra hacia un pequeño lavabo que hay junto al mostrador. Saca la botellita de entre sus pechos, del canalillo, donde se unen las dos copas del sostén, y la coloca sobre la cisterna. Me mira, mira a Banana Scream, y levanta un poco la cabeza y se mira en el espejo. Me vuelve a mirar, le vuelve a mirar a él, y abre el frasquito del tamaño de una pila AAA que contiene unas diez dosis de popper, nitrito de amilo, vasodilatador que teóricamente no debería afectar al Sistema Nervioso Central pero que aún así, en determinadas ocasiones, lo hace. Sophie se pone en pie y se quita las bragas, que llevaba puestas encima de las medias por si tenía que quitarse las bragas.
-Preparaos para la droga del amor- dice con voz suave pero determinante.
Esnifa, o inhala, o lo que coño quiera que haga, y cae en blanco. Una caída en blanco es cuando una persona pierde toda noción de consciencia pese a tener todos los sentidos del cuerpo a pleno rendimiento. Seguidamente sonríe y le pasa la botellita a Banana Scream, que no cae en blanco pero que esboza bajo sus gafas de sol una enorme sonrisa de placer extremo. Me pasa la botellita. Miro el borde del cuello y las arrugas del cristal del frasco y asomo un ojo, a una distancia de seguridad más que cautelosa, al interior de éste, logrando observar lo que parece arenilla para gatos. Levanto la mirada y me encuentro a Banana Scream lamiendo las nalgas de Sophie a través de las medias agujereadas, mientras ella se entretiene olfateando la ropa interior que hace menos de un minuto llevaba puesta. Que no me jodan, ni drogas ni milagros, iban muy calientes y han puesto la droga como excusa para lo que creo se va a convertir en escatología, y parece que me han invitado para hacer un trío, pues ya se pueden olvidar. Me levanto y salgo al mismo tiempo que tiro la botellita de popper al bolso de Sophie. Me dirijo al centro del almacén y me pongo a charlar con Amber. Con un poco de suerte, en unos diez minutos Sophie y Banana Scream habrán desalojado el baño y yo estaré en él folládome a la lesbiana de Côte d’Azur. Ya lo visualizo, ella abierta de piernas esnifando popper y chillando a su oreja: “¡Sé que te gusta, cerda!”.
-Preparaos para la droga del amor- dice con voz suave pero determinante.
Esnifa, o inhala, o lo que coño quiera que haga, y cae en blanco. Una caída en blanco es cuando una persona pierde toda noción de consciencia pese a tener todos los sentidos del cuerpo a pleno rendimiento. Seguidamente sonríe y le pasa la botellita a Banana Scream, que no cae en blanco pero que esboza bajo sus gafas de sol una enorme sonrisa de placer extremo. Me pasa la botellita. Miro el borde del cuello y las arrugas del cristal del frasco y asomo un ojo, a una distancia de seguridad más que cautelosa, al interior de éste, logrando observar lo que parece arenilla para gatos. Levanto la mirada y me encuentro a Banana Scream lamiendo las nalgas de Sophie a través de las medias agujereadas, mientras ella se entretiene olfateando la ropa interior que hace menos de un minuto llevaba puesta. Que no me jodan, ni drogas ni milagros, iban muy calientes y han puesto la droga como excusa para lo que creo se va a convertir en escatología, y parece que me han invitado para hacer un trío, pues ya se pueden olvidar. Me levanto y salgo al mismo tiempo que tiro la botellita de popper al bolso de Sophie. Me dirijo al centro del almacén y me pongo a charlar con Amber. Con un poco de suerte, en unos diez minutos Sophie y Banana Scream habrán desalojado el baño y yo estaré en él folládome a la lesbiana de Côte d’Azur. Ya lo visualizo, ella abierta de piernas esnifando popper y chillando a su oreja: “¡Sé que te gusta, cerda!”.
sábado, 8 de septiembre de 2007
Un Gran Dia.
En Tom està fart de sentir a tothom parlar del gran dia constantment, quan ell ja és prou conscient com per saber que el gran dia, el dia en que tot ha de canviar, s'acosta. Però que n'haurà de fer en Tom amb aquest dia? Serà un dia més aviat normal o més aviat memorable? Tindrà repercusions? Que potser algú en parlarà, d'aquest gran dia? En Tom porta anys sentint tothom parlar del gran dia i ja n'està fart. Està fart de llevar-se i sentir la mare a la qual no pot abandonar a la carretera com a un gos recordant-li que algun dia s'haurà de preparar pels canvis. Està fart de sortir de casa sentint al seu veí i amic de la infància dient-li que el gran dia arribarà. Està fart que a la feina li adverteixin que el gran dia a d'arribar. Està fart d'haver de pensar en el gran dia mentre esmorza, dina, sopa, treballa i es dutxa. Ja no vol somiar amb el gran dia, ni fer previsions poc encertades. Està cansat d'haver de sotmetre's al moment que encara ha d'arribar.
Les cirsumstancies fan pensar a en Tom sobre la condició del seu gran dia. Per què ha d'ésser tant important? Que potser algú en parlarà? Però per molt que hi doni voltes sempre acaba arribant a la mateixa conclusió. El gran dia, el dia en que passarà de nen a home, no serà tant gran, trascendental o important com tots deien al principi.
Porta tants anys sentint a parlar del gran dia que ja no vol que aquest dia arribi, perquè ara, anys i anys han passat, i en Tom s'adona que a causa de la seva fixació amb el gran dia no ha viscut en tot aquest temps tot el que hauria d'haver viscut. I pensa que si creiés en la resurrecció aniria immediatament a suicidar-se per tal de començar de nou.
viernes, 24 de agosto de 2007
povidona iodada
Els diumenges son el millor de la setmana perquè té la casa per ell sol i pot fer tot allò que no pot fer mentre hi ha algú habitant la casa amb ell, el que estrictament s'anomena conviure. Per aquest motiu, quan arriba diumenge frisa per gaudir de la solitud. es lleva d'hora, esmorza Kellog's Special K per regular la seva quantita de fibra diaria, posa la cançó Love Buzz de Nirvana a l'estereo i es dutxa mentre la veu que surt per l'amplificador li diu que es la reina del seu cor. Tot seguit es vesteix amb les seves millors robes: uns texans de segona mà, una samarreta de "L'estiu és teu" i un jersei de punt que li havia fet la iaia abans de morir.
Comença el a passejar per els interminables passadissos de la casa i es frega amb les parets, sentint la plasticitat de la pintura acrílica a la seva pell. Quan es cansa de caminar s'asseu davant l'ordinador i descarrega pornografia de tot tipus i de tota mida. Es masturba un parell de vegades, cadascuna amb el seu corresponent període de repòs. Es depulla completament i torna a passejar per la casa, fent exactament el mateix que ha fet abans però totalment nu. Li agrada sentir les parets, les parets que no el deixen marxar. El contacte amb el material sòlid el recomforta perquè sap que mentre estigui sota el sostre de la casa res ni ningú no el podran mai ferir.
Només els diumenges es considera feliç, per aquest motiu celebra el seu estat d'ànim. Es tanca al lavabo i agafa del segon calaix del moble que penja de la paret una petita eina de treball. Està llest. Enfonsa la punta de les tisores al seu mugró dret i sent com el dolor físic l'ajuda a metabolitzar el seu dolor emocional. Es com fer neteja dels patiments. Remena una mica el metall dintre del seu cos i quan la sang comença a pudir a tota l'estança enretira les tisores del seu pit i obre el tercer calaix del moble penjat. En treu una petita ampolla de povidona iodada i n'aboca quasi la seva totalitat al seu mugró dret. Ara tot es una barreja de groc i vermell, com un orgsme de colors ocres. El fred arriba; es posa un apòsit i es torna a vestir, perquè aviat serà dilluns i ja no queda temps per ser feliç.
viernes, 3 de agosto de 2007
Els insectes.
Els insectes van començar a aparèixer a mitjans d'agost. Silenciosos i endreçats, van abandonar els seus caus i les seves galeries per instal·lar-se a la superfície. En un primer moment, l'inasió va ser entesa com una plaga de petites dimensions, com una simple revolució estival. Però passades unes setmanes, els habitants d'arreu del món van adonar-se que allò excedia qualsevol plantejament lògic a l'hora de donar una explicació per la llarga durada de l'estança entomològica. Ni els científics, ni els filòsofs, ni els polítics van saber donar una raó factible que expliqués perquè els insectes abandonaven el seu regne subterrani per conquerir la terra que abans només visitaven de tant en tant. El fet va passar a ser un problema de seguretat mundial, ja que es va arribar a la conclusió que era impossible paliar la plaga tenint en compte que la població mundial d'insectes superava, per una diferència aclaparadora, la població mundial d'humans.
Quan van començar a caure ciutats i pobles, es van buscar mesures que poguessin alliberar
Quan van començar a caure ciutats i pobles, es van buscar mesures que poguessin alliberar
domingo, 3 de junio de 2007
Amor indigent.
Mira les estrelles i només veu l'esplendor d'ella reflexada en un estany. No sap perquè, potser ha estat el martini amb vodka i kiwi o les gambes, però ara se sent lívid, com una fulla. Una fulla flotant sobre un oceà d'estels.
Ella és perfecta. Ulls. Nas. Cames. Braços. Té de tot. És la perfecta núvia perquè ell tem al matrimoni i es justificarà en un futur amb la dualitat de la que semblava una bona tria en el moment de casar-se. Això no significa que no l'estimi, ell l'adora. Cada cop que la mira veu aquella figura perfecta recorrent el seu cos amb una mirada propera i de confiança. Ell l'adora.
Quan la va conèixer va prometre-li el món, i ambdós se'l van menjar plegats en els seus primers anys de compromís i projecte en comú. Només veure-la va decidir que la faria seva, i aquella mateixa nit la va fer seva tres cops. Ella havia begut molt, i ell també, per tant, potser només van ser dos cops. O un. Però després d'aquell tast, la ferum de sexe es va instalar als seus narius i de tant en tant li feia mal el cap de tant que l'estimava i aleshores es masturbava pensant en ella. No importava on, quan o amb qui, quan l'aroma d'ella el posseïa queia sobre els seus organs i es movia frenèticament. Això va passar amb els anys.
Ara la té al costat i se sent lívid. Lívid perquè el seu amor envers ella l'omple de tal manera que sent com els organs s'inflen d'aquella amable tendresa i l'acidesa del risc puja cap a la boca en forma d'escalfor. Possiblement, si ella no fos al seu costat no l'estimaria tant, pot imaginar la imatge, ell sol a l'astora amb una caixa de cerveses en comptes de la seva benamada parella. Però no ho desitja, pot imaginar-ho però sap que mai podrà desitjar quelcom semblant. La necessita en tant que ella ho és tot. Ella és les estrelles, la nit, el dia, l'astora, la ferum de sexe, i fins i tot és ell. Ella l'eclipsa de tal manera que quan ella no hi és ell no sent res tret de la buïdor i l'enyorança.
Ara, ella li fa un petó a la galta requerint atenció per part del nuvi que sembla haver prolongat el seu període post-coital d'introspecció. Ell li torna el petó, però aquest cop a la boca. Les seves llengües s'enllacen en crecles perfectes de carn i múscul, i les papil·les gustatives passen a ser també un òrgan sexual i comencen a desprendre l'olor de sexe. Potser avui si que en siguin dos. Ell l'abraça amb vehemència i emet una mena d'esbufeg enxisclat que va que s'activi el penis. L'erecció causa que les cèl·lules cerebrals rebin menys sang. Ell l'estima més. I el seu amor comença a fer mal, perquè els organs estan cada cop més inflats i la boca més àcida i calenta, mentre l'amor d'ella continua en la recerca de les profunditats d'ell. Tot comença a ser carn i escalfor i suor pudent a alcohol i a marisc. Ell continua estimant-la amb força i intenta fusionar-se amb ella a través de l'energia dels seus moviments. I arriba l'olor fèrria, una olor totalment diferent a la ferum de sexe però igual d'excitant . Ell només pot continuar furgant dintre d'ella deixant que l'olor fèrria el drogui per tal d'acabr el que han començat. Sang. Ara tot és sang, que fa olor a ferro rovellat. I ell sent que es comencen a fusionar, mentre els òrgans s'inflen encara més però ara de materia, la mateixa que abans era estimable. Els petons s'han converit en mossegades d'amor, porcions ínfimes de l'amor d'ell envers ella. L'estima tant, tant. No pot parar d'estimarla, i d'aquí poc arribarà al cor i podrà estimar-la encara més. Ella va estona que no es queixa gràcies a l'inconsciència.
Una estona després, ell ploriqueja mentre intenta reconstruir les peces de la dona. Ho fa de genolls i mig despullat, cobert de sang i vísceres, i amb els aromes de sexe i de sang a tot arreu. I ja no la té. Tot l'amor ha desaparegut. Encara és de nit. Mira les estrelles i ara veu estrelles. Ella ja no hi és.
Quan la vella surt pel matí per fer el seu passeig matinal decideix que anirà al parc, perquè potser aquell senyor tant encantador del caminador li parli com la setmana passada. Creu que li agrada. Camina una estona pel parc i no veu l'home de caminador però troba un exhibicionista ple de merda al costat del que sembla un animal mort. Torna a la residència, agafa el telèfon i truca a atenció ciutadana per fer una queixa formal, argumentant que al seu parc hi ha indigents.
miércoles, 16 de mayo de 2007
La diginitat segons Mark St.James.
Quan es lleva diumenge pren un cafè amb llet i tres cullerades de sucre. Llegeix al diari quelcom sobre algun conflicte en un país que ell mai visitarà i es moca varies vegades intentant expulsar les restes ferragoses de la festa de la nit anterior.
Es vesteix amb un polo Ralph Lauren i uns Dockers que li havien regalat pel seu dinovè aniversari. Agafa una bossa esportiva de lona i hi entafora una samarreta blava de publicitat, uns pantalons vells que utilitza pels rodatges i uns calçotets blancs de cotó.
Surt de casa, un àtic a la setena avinguda, i camina en busca d'un taxi. A les pel·lícules sembla que a Nova York hagi de ser fàcil agafar un taxi, però en realitat és gairebé tan difícil com a qualsevol altra ciutat. Quan arriba a 5th Avenue es troba amb la Janine, una suïssa que segons creu ell treballava de fotògrafa per a una prestigiosa multinacional tèxtil. Es saluden amb un hello un tant apagat i aleshores ell li demana a on va. Ella li diu que al SoHo i ell li demana si té cotxe. La resposta és evident quan ell es troba al seient del copilot del Honda de la Janine i escolta el cassette de velles glòries que aquesta ha posat al reproductor stereo del vehícle. El camí fins al SoHo es fa agradable perquè cap dels dos parla i poden pensar en els seus propis problemes. Quan arriben, ell baixa del cotxe i dóna les gràcies. Comença a caminar i sent que la Janine diu goodbye Mark!.
El rodatge té lloc a un tercer pis d'un edifici decrèpit que ha estat adoptat per arties renegats de la seva vida burgesa i traficants d'heroïna.
En Mark es rebut com un déu. Segons el director de la pel·lícula, ell és l'unic home amb cara de nen que és capaç d'aguantar un rodatge dels seus, d'hores i hores. Al entrar a la sala es creua amb un marrec d'uns divuit anys que plora i sembla amb ganes de vomitar. Recorda que a ell mai li havia passat. També recorda com els seus amics li deien que la seva feina era denigrant i indigna, que només un penjat la faria. Però a ell ja li estava bé. No suposava cap tipus d'esforç, més enllà del psicològic de les primeres sessions, i estava ben pagat.
A l'estança s'esperaven en Waldo i en Frank ja despullats i bevent aigua com africans en una piscina de zona d'esbarjo. Els saluda estrenyent-los la mà i es prepara en un racó. Es despulla i treu de la bossa esportiva el que ell considera el seu uniforme. Es vesteix amb la samarreta blava i els pantalons vells, després de posar-se els calçotets de cotó blancs.
El director entra per la porta i ho fa seguit per uns deu homes més. Aquests son els nous, diu. fa les presentacions i demana que els que no estiguin despullats ho facin. Tothom fa cas. L'únic que roman vestit és en Mark.
Action.
En Alexei (Mark St.James) acaba d'arribar a USA i busca feina. Entra en una clínica privada i demana si necessiten ajuda de qualsevol tipus (aquestes escenes ja estaven gravades). Un dels enfermers (Waldo McHot) li diu que no tenen vacants i que si el pot disculpar perquè té molta feina, que hi ha molts pacients que tenen pipí i l'únic bany s'ha espatllat. Aleshores, l'Alexei diu que si li paguen bé ell farà de bany humà. L'orgia comença amb un pla frontal de l'Alexei reben pluja daurada d'en Waldo mentre uns onze homes es masturben.
Cut.
El rodatge ha estat força llarg i l'olor a orina es condensa als pulmons d'en Mark i a les parets de la sala. Tothom el felicita per la seva excel·lent interpretació i el director li signa un xec per valor de $6.000. L'agafa i demana a en Waldo si el pot acostar a casa.
El viatge de tornada és igual de tranquil que el d'anada, tot i que en Waldo té ganes de parlar sobre no-sap-quina pel·lícula. I pensa en aquell noi que sortia de la mateixa sala que ell mig plorant. Potser si que és dura la seva feina, però mai indigna. La dignitat no hauria d'estar lligada al que fas per guanyar-te la vida. Ell cobra i amb això pot menjar i comprar allò que vol o necessita. No hi veu l'inconvenient. De fet, troba molt pitjor la feina dels militars, que maten seguint ordres de quatre malcriats, o la dels homes que activen les cadires elèctriques. I el cotxe s'atura davant un cartell amb la cara del President dels Estats Units d'Amèrica i somriu mentre baixa del vehicle, convençut que té molta més diginitat que un texà amb aires de grandesa.
sábado, 5 de mayo de 2007
Els crims de Ceretania.

Dissabte al matí vaig llevar-me amb la repugnant reticència gustativa d'una mala pel·lícula de superherois. L'home aranya, en el seu tercer episodi de batalles èpiques urbanes, no havia estat tan convincent com en altres intents de salvar el món. Mentre pensava que jo ho hagués fet força millor, em rentava les dents i em desendreçava el cabell suaument. Després de la decepció momentània per l'estafa cinematogràfica de la nit anterior, vaig decidir que havia d'anar a treballar, fer alguna cosa de profit. De manera que vaig saltar als meus texans de forma extranya i vaig posar-me els mitjons i les sabates, vermelles amb ratlles blanques.
El carrer era mentider. El sol, intens i brillant com en dies d'estiu, dissimulava visualment el que en realitat era un dia de vent, un dia de tardor. Però era maig i el temps havia embogit, i feia tres dies havia nevat i el fred i la calor es repartien els dies alternativament. Sens dubte, i tal i com a mi em semblava que el dia augurava, jornada llarga i intensa.
Vaig arribar al bar del qual ja haureu sentit a parlar, i vaig asseure'm a taula. Vaig dinar relaxadament però amb rapidesa. Per aquella època jo no mastegava bé, simplement engolia el menjar amb vehemència i feia que el suplici del dinar acabés sense cap retret. Quan acabava, desparava el meu quart de taula i desitjava bon profit al cuiner i les dues cambreres. La meva vida era així. La meva vida sempre havia estat així, com un constant marxar, sempre abandonant abans de començar. En set anys havia començat mil·lions de converses però mai n'havia acabat cap. Preferia deixar-les en suspensió, i després les amagava en algún racó de la meva petita estança.
Quan em disposava a marxar, després de les postres, el meu pare em va preguntar si sabia quí s'havia mort. JO vaig dir que no, pensant que a Ceretania la gent no moria, simplement es transformava. La noia, aquella que sempre va sola pel carrer amb una bossa de viatge plena, la que parla sola, la que riu sola, em va dir. L'han apunyalat vora el llac. Merda. Aquella dona em queia bé, era bona persona. Estava sonada però era bona persona. Recordo que aleshores venia de tant en tant al bar i dinava mentre parlava sola. I mirava la televisió i reia, i el seu riure era prou divertit com per fer-me riure. Merda. Quina merda de vida, quina merda de món, quina merda de societat i , finalment, quina merda de poble.
El carrer era mentider. El sol, intens i brillant com en dies d'estiu, dissimulava visualment el que en realitat era un dia de vent, un dia de tardor. Però era maig i el temps havia embogit, i feia tres dies havia nevat i el fred i la calor es repartien els dies alternativament. Sens dubte, i tal i com a mi em semblava que el dia augurava, jornada llarga i intensa.
Vaig arribar al bar del qual ja haureu sentit a parlar, i vaig asseure'm a taula. Vaig dinar relaxadament però amb rapidesa. Per aquella època jo no mastegava bé, simplement engolia el menjar amb vehemència i feia que el suplici del dinar acabés sense cap retret. Quan acabava, desparava el meu quart de taula i desitjava bon profit al cuiner i les dues cambreres. La meva vida era així. La meva vida sempre havia estat així, com un constant marxar, sempre abandonant abans de començar. En set anys havia començat mil·lions de converses però mai n'havia acabat cap. Preferia deixar-les en suspensió, i després les amagava en algún racó de la meva petita estança.
Quan em disposava a marxar, després de les postres, el meu pare em va preguntar si sabia quí s'havia mort. JO vaig dir que no, pensant que a Ceretania la gent no moria, simplement es transformava. La noia, aquella que sempre va sola pel carrer amb una bossa de viatge plena, la que parla sola, la que riu sola, em va dir. L'han apunyalat vora el llac. Merda. Aquella dona em queia bé, era bona persona. Estava sonada però era bona persona. Recordo que aleshores venia de tant en tant al bar i dinava mentre parlava sola. I mirava la televisió i reia, i el seu riure era prou divertit com per fer-me riure. Merda. Quina merda de vida, quina merda de món, quina merda de societat i , finalment, quina merda de poble.
El que més em sobta, encara ara, anys després del crims de Ceretania, és que mai ningú no hagués imaginat que la brutalitat estava tant propera, vora el llac. Hores més tard de rebre la noticia vaig sentir dir a unes dones, que caminaven davant meu a la vorera, que dues nits abans havien mort a un home aprop de Sant Marc. Quina merda.
I penso en Isabella Rossellini a Blue Velvet, cantant sota estels elèctrics, perduda, igual que jo, entre els dos móns, el món de tot allò que veiem i el món en que tot està amagat. La violenta ira dels suburbis, de les bosses de quart món.
En menys de dos dies, Ceretania, el poble de l'eterna llum turística, que havia aconseguit un racó als cors de molta gent, havia esdevingut escenari d'un clar exemple de salvatgisme. El salvatgisme d'una societat. Establim lligams però ho fem sense ordre ni concert. Les relacions alienes es mouen com cucs per sota dels nostres peus, i no podem fer-hi res. En menys de dos dies van morir dues persones, un sense sotre i una desequilibada mental. I els ciutadans van rebre la notícia amb sorpresa, mirant-se els uns als altres i elevant les espatlles lleugerament. A ningú li importava realment, de fet, ells tindrien el plat calent a taula i els éssers edàfics tindrien un cadàver del que nodrir-se. Vaig tornar a casa amb la sensació que alguna cosa no funcionava. Tenia l'extranya sensació que oblidava un detall. I PAM, com una clatellada al cervell, vaig sentir el pes del record que no recordava.
La Tarda dels fets, hores abans de la mort de la desequilibrada, vaig sortir a passejar en Lucas, el gos de ma germana, i vaig anar al Parc proper a l'urbanització Mas. Un cop allà, i mentre m'avergonyia perquè el gos estava cagant al carrer i jo no portava bossa, vaig trobar-me amb la desequilibrada i un home, baixet i gras. L'home deia que coneixia un lloc on es podia acampar, i ella l'escoltava atentament amb la bossa de viatge plena agafada al braç. Ho vaig trobar sospitós en el seu moment perquè mai havia vist aquella dona parlant amb ningú.
I vaig adonar-me que aquest record podia siginificar alguna cosa. Potser jo vaig ser l'últim que la va veure amb vida. Potser podria haver-la salvat. Potser podria haver matat al seu agressor i haver esdevingut un heroi municipal, d'aquells que surten als telenotícies. Però no. Els Fets no van passar així.
Vaig sortir de casa decidit a avisar els Mossos per tal d'informar-los que jo vaig ser l'última persona en veure la desequilibrida amb vida. Caminava ràpid perquè primer volia passar vora el Llac per si em trobava amb el presumpte assassí. El motiu era estúpid però necessari: havia oblidat per complet la cara de la persona a la qual havia de denunciar.
I quan vaig arribar al Llac vaig sentir que algú em cridava. Era un client asidu al bar. Em va agafar pel braç i em va dir que si podia parlar amb mi un moment. Li pudia l'alè a merda pura. Em va guiar fins rere uns matolls i em va aturar en sec, com qui frena un cotxe. Em va dir que volia saber una cosa. Li vaig dir que me la preguntés sense embuts. La seva pregunta em va semblar força estúpida un cop formulada i me l'he repetit moltes vegades a mi mateix, i em penso que potser hauria estat millor no recordar. Recordes amb qui anava jo ahir?, em va preguntar. En un primer moment vaig pensar que no l'havia vist el dia anterior però em vaig adonar que possiblement sí que l'havia vist. Anava amb la desequilibrada. Merda. La meva cara de sorpresa i excitació, causades per haver resolt un crim, van delatar-me, van dir-li a aquell gallec pudent que jo sabia la veritat. Va agafar un roc i va esclafar-me el cap. Del meu front brollaven mil·lions de colors, vermells, grocs, verds, blancs, I els colors es mesclaven a mida que l'home em colpejava. I quan va marxar jo ja era una pila uniforme de pintures humanes.
I ara, a l'infern, penso que hauria estat millor no saber res de tot allò. Espero que quan moriu vingueu a visitar-me perquè us expliqui històries, d'aquelles que mostren els errors que tots vam cometre. En les meves paraules no hi ha res que no sigui cert. Som màquines de matar i tothom va a l'infern tot i estar tant subestimat. En realitat és on anem tots, és on tots volem anar. De fet, sempre és on som nosaltres.
miércoles, 25 de abril de 2007
Everybody loves you.

Avui, mentre intentava baixar d'un arbre els insectes del qual m'odiaven, m'he adonat que tothom m'estima. Sé que fer una afirmació com aquesta pot semblar pretenciós i molt poc modest per part meva, però prefereixo córrer el risc de passar per un ególatra que impedir que la meva teoria vegi la llum.
Bé doncs, em trobava a l'arbre i tant les formiguetes vermelles que pujaven pantaló amunt com les aranyes petitones havien decidit fer-me la vida impossible envaïnt la meva bombolla personal descaradament. Què collons passa, m'he preguntat. I he hagut de baixar de la branca amb un salt que ha acabat amb un cop sec a les plantes dels meus peus.
Aleshores he decidit pensar. Quina raó inexplicable fa que em senti odiat per tothom? Quin és el motiu de tantes cares llargues i tants atacs físics (encara que només siguin per part dels insectes d'un arbre solitari)? El meu cap, que podriem dir que últimament no funciona a la perfecció, com ho palesen les meves actituds i els meus enutjos constants, no està fet per pensar amb la profunditat pròpia dels artístes de tercera que tinc per coneguts, amics i familiars. Per tant, pensar m'ha resultat una tasca més que laboriosa i ha acabat per provocar-me un col·lapse. De manera que m'he assegut a la gespa pantanosa, embrutant així els meus pantalons-que-valen-un-ronyó, i he hagut de respirar profundament. I, mentre el polen de les floretes repugnants que m'envoltaven m'omplia els narius provocant-me una reacció al·lèrgica, he trobat la solució com si Déu, o el meu subconscient, al qual també considero un déu, m'hagués encès la llumeta del pilot automàtic. La resposta era evident i clara. Tothom m'estima.
No només en el sentit romàntic i decimonònic de la paraula sinó també en el sentit més pràctic del mateix verb estimar.
Les formiguetes vermelles m'estimen perquè sóc un gegant poruc al qual poden explorar a la recerca d'un nou món humà. Les aranyes petitones m'estimen perquè no represento un perill per elles i els deu semblar interessant el fet que un ésser tan gran no els hagi destrossat cap de les teranyines que farcien l'arbre. El polen de les floretes repugnants m'estima perquè el meu nas és un bon lloc on instalar-se, on la filla polen podrà ésser casada, tot i que no sigui del tot políticament correcte el fet de fer casar la filla, i tenir una existència efímera però agradable. Els meus limfòcits m'estimen i per això tinc al·lèrgia, perquè m'estimen tant que em sobreprotegeixen contra l'atac d'una familia polen inòcua.
I m'adono que segons aquesta seqüència lògica, tot el planeta, i quan dic tot el planeta em refereixo a absolutament tot, des de les plantes fins l'aire, passant per les roques i els humans, m'estima. No hi ha res que no m'estimi d'una manera o altra, absolutament res. Cada cop que m'abraça algú és perquè m'estima i necessita fer-m'ho saber. De la mateixa manera, cada cop que em peguen és perquè m'estimen i volen fer-me entendre que la meva actitud no és l'adequada. Tots els plors i totes les rialles han derivat d'un amor incondicional i sense limits envers la meva persona. Els que no em coneixen m'estimen perquè no em coneixen, els que em coneixen m'estimen perquè em coneixen. Els que m'odien m'estimen perquè algú m'ha d'odiar, de fet, tothom necessita ser odiat, i els ha tocat a ells aquesta tasca .
I trec el pilot automàtic i toco de peus a terre al veure una serp gloriosa arrossegar-se cap a mí, mig vacil·lant. I, tot i que en aquell moment sabia que serp m'estimava, he hagut d'aixecar-me i sortir cames ajudeu-me, perquè com tots sabem, l'amor, sovint, fa mal.
domingo, 22 de abril de 2007
Amb impermeable.
Em trobo assegut a un del tamborets rodons de fusta i prenc una coca-cola light amb gel i llimona.
No m’agraden els bars, però aquest és diferent perquè estrictament parlant, i quan els meus pares hagin mort, em pertanyerà.
Bé, em trobo assegut i mirant la televisió sense creuar paraula amb ningú, ni tan sols les cambreres.
S’obre la porta d’entrada i apareix, d’entre una multitud d’homes bevent cervesa, una dona menuda, de cabells foscos i cara arrodonida, que vesteix pantalons de pana caqui i un impermeable fúcsia llampant.
La dona de l’impermeable s’obre camí entre uns gallecs que s’escridassen i s’asseu a l’últim tamboret lliure, entre un home calb que pren cafè i un jove que menja tripa a la catalana.
La cambrera, que també estrictament parlant és ma germana, s’acosta a la zona de barra on es troba la dona i li demana si pot servir-li quelcom. És aleshores que descobreixo que la dona no és de per aquí, perquè en sentir la cambrera fa que no bruscament amb el cap i diu alguna cosa, que quasi no puc sentir des d’on sóc, en francès. Finalment, i després d’intents frustrats, la dona de l’impermeable aconsegueix que li serveixin un cafè descafeïnat de sobre. Un cop el té al davant es despenja la bossa del braç i s’acomoda, però en cap moment sembla pensar en treure’s l’impermeable. Es limita a treure de la butxaca una bosseta de tabac de cargolar, i un paquetet de paper de fumar. En menys de vint segons té el cigarret artesanal enllestit i, després de buscar a la bossa sense èxit, demana foc a l’home calb del cafè mitjançant el noble art de la mímica. Pipa fort i es guarda el fum a la boca, i després alça el cap, com resant, i el deixa anar lentament, produint una columna boirosa vertical.
Ara mira la televisió i, de tant en tant, fa un glop de cafè acompanyat d’una nova pipada al cigarret.
I sense saber per què, potser té quelcom a veure amb les meves clares tendències voyeurs, em quedo mirant-la fixament, seguint els seus moviments exhaustivament, buscant respostes a preguntes que encara no conec. Observo atentament, sense perdre detall i com si prengués nota, cadascuna de les pipades a la cigarreta i cadascun dels glops de cafè que fa. Sens dubte, la dona de l’impermeable és francesa, i també sens dubte, del sud de França. Només les franceses del sud vesteixen d’aquesta manera i fument més que no pas respiren.
La dona esclafa la burilla, encara mig encesa, contra el cendrer que té davant. Creua les cames i comença a preparar-se un altre cigarro. I jo que no puc parar de mirar-la.
Però després d’una estona em descobreix. S’adona que l’estic mirant i que porto força temps fent-ho. Però el fet de ser enxampat fa que m’abrandi i la miri amb més profunditat, dirigint la meva mirada no només en el pla físic sinó també en l’espiritual, clavant els meus ulls al bell mig de la seva ànima.
I, de sobte, ella em torna la mirada i jo, que podria girar el cap i dissimular, aguanto estoicament els seus ulls verds vidre.
Durant els segons que dura el nostre encreuament de mirades sento una connexió, estranya i un tant furtiva. Tinc la sensació, tot i que es tracti d’una sensació que mor de mica amb mica a mesura que passa el temps, de que ja la conec. L’he vista abans, potser en somnis o en una altra vida, però sens dubte sé qui és. No sé com, però sé on anirà quan surti del bar i què farà quan arribi a casa. Però tot el que tenim en comú és una mirada que ara arriba a la seva fi perquè ma germana passa pel meu costat i em demana que li doni un cop de mà, que hi ha molta gent i no dóna l’abast. De manera que em col·loco rere la barra i ara és la dona de l’impermeable la que m’analitza a mi. I sense saber per què, m’enrojolo i em poso nerviós. Serveixo un cafè a una veïna i quan em giro ja no hi és. La dona ja no hi és. Només ha deixat cinc euros, molt més del que havia de pagar, i un cigarret cargolat. Corro cap a la porta i veig que plou. I també veig que sota la pluja la dona esdevé impermeable i, finalment, només guipo un punt fúcsia en la llunyania.
No m’agraden els bars, però aquest és diferent perquè estrictament parlant, i quan els meus pares hagin mort, em pertanyerà.
Bé, em trobo assegut i mirant la televisió sense creuar paraula amb ningú, ni tan sols les cambreres.
S’obre la porta d’entrada i apareix, d’entre una multitud d’homes bevent cervesa, una dona menuda, de cabells foscos i cara arrodonida, que vesteix pantalons de pana caqui i un impermeable fúcsia llampant.
La dona de l’impermeable s’obre camí entre uns gallecs que s’escridassen i s’asseu a l’últim tamboret lliure, entre un home calb que pren cafè i un jove que menja tripa a la catalana.
La cambrera, que també estrictament parlant és ma germana, s’acosta a la zona de barra on es troba la dona i li demana si pot servir-li quelcom. És aleshores que descobreixo que la dona no és de per aquí, perquè en sentir la cambrera fa que no bruscament amb el cap i diu alguna cosa, que quasi no puc sentir des d’on sóc, en francès. Finalment, i després d’intents frustrats, la dona de l’impermeable aconsegueix que li serveixin un cafè descafeïnat de sobre. Un cop el té al davant es despenja la bossa del braç i s’acomoda, però en cap moment sembla pensar en treure’s l’impermeable. Es limita a treure de la butxaca una bosseta de tabac de cargolar, i un paquetet de paper de fumar. En menys de vint segons té el cigarret artesanal enllestit i, després de buscar a la bossa sense èxit, demana foc a l’home calb del cafè mitjançant el noble art de la mímica. Pipa fort i es guarda el fum a la boca, i després alça el cap, com resant, i el deixa anar lentament, produint una columna boirosa vertical.
Ara mira la televisió i, de tant en tant, fa un glop de cafè acompanyat d’una nova pipada al cigarret.
I sense saber per què, potser té quelcom a veure amb les meves clares tendències voyeurs, em quedo mirant-la fixament, seguint els seus moviments exhaustivament, buscant respostes a preguntes que encara no conec. Observo atentament, sense perdre detall i com si prengués nota, cadascuna de les pipades a la cigarreta i cadascun dels glops de cafè que fa. Sens dubte, la dona de l’impermeable és francesa, i també sens dubte, del sud de França. Només les franceses del sud vesteixen d’aquesta manera i fument més que no pas respiren.
La dona esclafa la burilla, encara mig encesa, contra el cendrer que té davant. Creua les cames i comença a preparar-se un altre cigarro. I jo que no puc parar de mirar-la.
Però després d’una estona em descobreix. S’adona que l’estic mirant i que porto força temps fent-ho. Però el fet de ser enxampat fa que m’abrandi i la miri amb més profunditat, dirigint la meva mirada no només en el pla físic sinó també en l’espiritual, clavant els meus ulls al bell mig de la seva ànima.
I, de sobte, ella em torna la mirada i jo, que podria girar el cap i dissimular, aguanto estoicament els seus ulls verds vidre.
Durant els segons que dura el nostre encreuament de mirades sento una connexió, estranya i un tant furtiva. Tinc la sensació, tot i que es tracti d’una sensació que mor de mica amb mica a mesura que passa el temps, de que ja la conec. L’he vista abans, potser en somnis o en una altra vida, però sens dubte sé qui és. No sé com, però sé on anirà quan surti del bar i què farà quan arribi a casa. Però tot el que tenim en comú és una mirada que ara arriba a la seva fi perquè ma germana passa pel meu costat i em demana que li doni un cop de mà, que hi ha molta gent i no dóna l’abast. De manera que em col·loco rere la barra i ara és la dona de l’impermeable la que m’analitza a mi. I sense saber per què, m’enrojolo i em poso nerviós. Serveixo un cafè a una veïna i quan em giro ja no hi és. La dona ja no hi és. Només ha deixat cinc euros, molt més del que havia de pagar, i un cigarret cargolat. Corro cap a la porta i veig que plou. I també veig que sota la pluja la dona esdevé impermeable i, finalment, només guipo un punt fúcsia en la llunyania.
lunes, 16 de abril de 2007
Un cotxe travessa el pont a tota velocitat.
Un cotxe negre travessa el pont a tota velocitat, passant desapercebut entre les tenebres de la nit hivernal de Ceretania.
El conductor del vehicle fuma un cigarret i, a cada pipada, la seva cara queda il·luminada pel fugaç esplendor del quitrà cremant.
Al seient del copilot, llaunes de cervesa i coca. No sona cap cançó perquè no és necessari, perquè el fet de la conducció temerària és conseqüència d’unes evidents ganes de morir, i tothom sap que els suïcides no escolten cançons. Possiblement haureu vist a pel·lícules com l’individu suïcida escolta la seva última mostra musical mentre espera càndid a que la mort se l’emporti. Però el que les pel·lícules no diuen és que, sovint, aquelles persones que escolten una última cançó sobreviuen. I aleshores, l’intent frustrat de suïcidi esdevé un record pel qual avergonyir-se. D’aquesta manera, no posant música, el conductor pretén arribar al final, la cloenda de tota una recopilació de records, pecats i vergonyes, els quals el deixen respirar a penes.
Tant el velocímetre com les ampolles buides que tintinegen al seient del darrere indiquen que no és només un acte d’egoisme, sinó més aviat un acte de rebel·lia.
Fora, en la nit, el fred comença a glaçar els insectes que bavegen, no massa vius, entre l’humus que els pneumàtics trepitgen. Una gebrada espessa es posa sobre les ovalades formes de les fulles perennes dels arbres, alts i imponents, que ara veuen com el cotxe abandona la carretera per entrar a un camí de terra.
El conductor apaga el cigarret i, molt lentament, redueix la velocitat fins a aturar-se a mig camí. Treu les claus del contacte i les deixa sobre la seva falda.
Agafa una targeta de crèdit i es prepara una dosi, i resa per a que la cocaïna no estigui tallada amb laxant. Recorda que una nit havia acabat al lavabo d’una discoteca amb diarrea. Després del viatge que ha emprès, ja no haurà de patir més per això, de fet, no haurà de patir per res. Ja no hi haurà realitat possible. No quedarà res, tot serà buit i negre. I el que abans havia estat por i raresa, serà un profund son sense somni.
El conductor decideix que esperarà uns minuts més, abans de partir al no res. En aquests minuts, que no li serveixen per gaire cosa, i molt menys per aclarir-se les idees, intenta calmar-se pensant en el repòs que li sobrevindrà quan hagi acabat. Espera i desitja que no hi hagi vida més enllà de la vida, perquè un altre món, per perfecte que pogués ser, l’hauria de compartir amb ell mateix, fet que, casualment, ara l’empeny a la seva mort.
Gira el contacte i encén el motor. Les rodes giren cada cop més ràpid per sobre de la sorra del camí, cada cop més estret.
La mort, com un esfereïdor silenci, segueix el cotxe, apagant tots els sorolls de vida que al bosc habiten i deixant sentir només la ronca veu de la màquina a gasolina.
Branques i arbusts fuetegen violentament els vidres del cotxe i, el camí, cada cop més estret. I el conductor no necessita música, perquè el seu batega el ritme i el rugit del motor li fa de comparsa. I el camí, cada cop més estret.
L’accelerador arriba a baix de tot i el velocímetre no pot marcar més. Cada petita pedra suposa un brusc sotrac, però el conductor continua pressionant el pedal, i la velocitat esdevé tot el que té . I el camí torna a eixamplar-se.
El conductor, que sembla mig posseït per una força còsmica, maleeix la mare, que va morir al parir. I maleeix el pare per no haver donat la cara quan havia de fer-ho. I, finalment, maleeix el món sencer, per no demanar-li opinió a l’hora de donar-li la vida. I Ja no hi ha camí.El cotxe cau ràpidament barranc avall. En pocs moment, un cop estimbats contra les anguloses roques, màquina i home no seran res tret d’un piló homogeni de ferros i òrgans fora de lloc. I el conductor compta els segons que li queden per dir adéu. Cinc, quatre, tres, dos. I de sobte, foscor, molta foscor. Res tret de la foscor i el silenci.
domingo, 1 de abril de 2007
El teu xicot és ara un sac de gemecs.
Tot i que intenten aparentar-ho, amb les seves camises de flors a conjunt i les ulleres Ray-Ban Wayfarer idèntiques, no son feliços. Porten asseguts a la taula una hora aproximadament i han aconseguit el·ludir els temes espinosos i íntims, com l'embolic d'ella amb un cambrer o la incapacitat d'ell per a satifer-la sexualment.
Ara ella treu dues cigarretes del paquet i en col·loca una a la boca del manso que, entre resignat i impotent, l'accepta tot i haver-se fumat una fa poc més de dos minuts. Ella li acosta l'encenedor i li dona foc alhora que li xiuxiueja a cau d'orella. Li ha dit que ja n'està farta, que quan vulgui poden anar passant. Ell recorda que la idea de dinar amb la periodista feminista i l'interiorista de moda va estar exclusivament d'ella. De fet, en un primer moment, ell es va negar a assistir a qualsevol trobada amb els amics d'ella, perquè sempre el deixen en evidència per dedicar-se al món de la contrucció i perquè l'interiorista de moda sempre acaba tirant-li els trastos descaradament. I ara, ella diu que vol marxar. El xicot, que sovint fa el que la noia vol, perquè creu que si no ho fa l'abandonarà pel primer cambrer que passi, comença a suar i tanca els punys mab força.
Ella, tot i haver expressat el seu desig de tocar el dos, continua parlant sobre l'última pel·lícula d'en Jim Jarmusch i crida quan l'interiorista de moda li diu que la Frances Conroy sortia millor a Six Feet Under. I la periodista feminista mira el noi i li demana la seva opinió. Ell, que no sap qui és en Jarmusch ni la Conroy, arronsa el ceny i diu el que ella li ha recomanat dir en un cas com aquest. Eren molt millors els seus anteriors treballs, crec que ambdós han perdut molta força, diu no gaire convençut. Tant la periodista com l'interiorista li donen la raó, admirant l'esforç d'ella per convertir un pobre peó en un entès en cinema independent americà.
Ara ella treu dues cigarretes del paquet i en col·loca una a la boca del manso que, entre resignat i impotent, l'accepta tot i haver-se fumat una fa poc més de dos minuts. Ella li acosta l'encenedor i li dona foc alhora que li xiuxiueja a cau d'orella. Li ha dit que ja n'està farta, que quan vulgui poden anar passant. Ell recorda que la idea de dinar amb la periodista feminista i l'interiorista de moda va estar exclusivament d'ella. De fet, en un primer moment, ell es va negar a assistir a qualsevol trobada amb els amics d'ella, perquè sempre el deixen en evidència per dedicar-se al món de la contrucció i perquè l'interiorista de moda sempre acaba tirant-li els trastos descaradament. I ara, ella diu que vol marxar. El xicot, que sovint fa el que la noia vol, perquè creu que si no ho fa l'abandonarà pel primer cambrer que passi, comença a suar i tanca els punys mab força.
Ella, tot i haver expressat el seu desig de tocar el dos, continua parlant sobre l'última pel·lícula d'en Jim Jarmusch i crida quan l'interiorista de moda li diu que la Frances Conroy sortia millor a Six Feet Under. I la periodista feminista mira el noi i li demana la seva opinió. Ell, que no sap qui és en Jarmusch ni la Conroy, arronsa el ceny i diu el que ella li ha recomanat dir en un cas com aquest. Eren molt millors els seus anteriors treballs, crec que ambdós han perdut molta força, diu no gaire convençut. Tant la periodista com l'interiorista li donen la raó, admirant l'esforç d'ella per convertir un pobre peó en un entès en cinema independent americà.
Per sota de la taula ella trepitja el peu dret d'ell en senyal d'avorriment infernal, massa farta com per marxar, massa identificada amb la frivolitat dels seus propis amics. I ell, resignat, diu que han de marxar, que a l'endemà ha de llevar-se d'hora. La periodista i l'interiorista, que avui no ha tirat els trastos a ningú, es lamenten per la pèrdua que suposa la partida dos interlocutors tan assenyats i sensats.
Mentre tornen, caminant en direcció cap a la boca de metro de Travessera de les Corts, ella no para d'analitzar la tarda i la nit amb els seus amics, i de tant en tant li diu a ell que en cert moment de la conversa ha sabut defugir els temes massa complicats per ell amb una elegància sísmica i fulminant. Diu que està molt orgullosa del seu xicot.
Quan arriben a l'andana subterrania, i ella continua comentant la jugada, ell decideix que per un dia decidirà el seu propi destí sense la supervisió d'ella. El metro s'acosta. Ella li demana la T-10, ell li dona, i tot seguit salta a les vies passant de cos antropomòrfic a sac de gemecs sagnant en qüestió de segons. Curiosament, a la T-10 només quedava un viatge.
lunes, 26 de marzo de 2007
SHOOT THEM
"I un dia despertaràs del somni, i et trobaràs desorientat entre tanta llum. Caminaràs sol, amb els peus nus sobre el terre metàl·lic. Ningú no vindrà a parar-te la mà.
Cridaràs i cridaràs, però ningú no et farà cas, perquè portes anys cridant a viva veu i mai ningñu no s'ha immutat. Relliscaràs amb la sang que regalima dels teus canells i la gent riurà quan caiguis. Només et veuen quan et necessiten veure, quan les seves vides arriben a l'extrem en que l'avorriment es fa insuportable i riure de les desgràcies alienes és relaxant.
Finalment, quan ja no puguis plorar més, t'adonaràs que la teva vida sempre ha estat i així. T'adonaràs que sempre has estat sol."
martes, 20 de marzo de 2007
Let it snow.
La xerrada fa una estona que degenerat en una recerca intensa sobre el significat de la paraula "xeflis". La conferenciant pregunta una vegada i una altra si algú sap un sinònim de la paraula. Al sentir dir això, alguns caps fan que no amb un tímid i modest moviment rotatori. Alguns aventurats, bàsicament els encara atractius, diuen que no en veu alta i mirant directament als ulls de la dona.
La femella, parli o no, sempre és el centre d'atenció, pensa un d'aquests aventurats. Sempre aconsegueix difondre les seves hormones arreu, i encisar tots aquells éssers que l'envolten. Tot i que aquesta no és atractiva, continua reflexionant l'aventurat, i té els malucs massa grossos, la seva veu aconsegueix que m'interessi per ella.
Mentre l'home pensa des del seu seient en com li agradaria follar-se-la, un petit floc de neu, blanc i en forma d'estrella com als dibuixos, passa per davant de la finestra. El fred, que tant s'ha fet esperar aquest any, arriba ara, amb dos mesos d'endarreriment, per emblanquir el cel.
L'aventurat s'adona que fora, en la fredor d'uns camps glaçats, una tempesta comença a formar-se. Omple la seva ment amb l'intensa emoció nadalenca que li provoca veure nevar. Bada amb l'hipnòtica dansa dels flocs de neu, que salven la distància entre el cel i la terra amb un brau zig-zag.
I l'home que havia estat pensant en la conferenciant, en la neu i en el nadal, deixa de pensar, de fet, cau fulminat a terre. El cos mort de l'aventurat és envoltat rápida i estrepitosament per un comici d'homes de quaranta anys. La potent veu de la conferenciant comença a demanar a tothom què ha passat. Un home, que estava a aprop del ara difunt aventurat, diu que taral·lejava en el moment de la seva mort. Repetia sense parar: Let it snow, let it snow, let it snow.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)